miércoles, 30 de abril de 2014

¿Orgullo o Prejuicio?



De vez en cuando me sorprendo cavilando, sin ninguna razón aparente, sobre mi novela favorita de todos los tiempos, Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen. Así me encontré la otra mañana pensando en los pequeños, pero significativos, detalles de Darcy, en cómo observaba a Elizabeth para estudiarla cuando ésta todavía le creía el tipo más arrogante y orgulloso que había conocido. Y pensé en cómo ella le rechazaba cuando él, tan amablemente, le invitaba a bailar, en aquellos primeros encuentros de la novela, que son mis favoritos. El hilo de estas ideas me llevó a recordar que, en una oportunidad, mi hermana me cuestionó acerca de quién consideraba yo que representaba el Orgullo y quién el Prejuicio en la novela. Yo, sin pensármelo mucho, le contesté, “querida hermana, pues Darcy, definitivamente es el Orgullo, y Elizabeth, el Prejuicio”, pero después de mis últimas cavilaciones, tal vez definiera otra respuesta.

Al inicio de la novela se define a Darcy como un hombre orgulloso, que gana la poco pretenciosa suma de “diez mil libras al año”, que se creía superior a los demás, que no le gustaban los bailes públicos y que demostraba su insatisfacción por el ambiente que le rodeaba. Es sin duda un hombre distinguido, de aspecto agradable y de porte aristocrático, que atrajo la atención del público del baile en el que se presenta con sus amigos, Bingley, Caroline, y el señor y la señora Hurst. Darcy baila únicamente con sus amigas y no permite que le presenten a ninguna de las damas presentes, con lo que el público termina calificándolo del hombre más antipático y orgulloso del mundo; pero el punto crítico de la conducta de Darcy sucede cuando Bingley, su mejor amigo, le sugiere que invite a alguna de las chicas a bailar, como por ejemplo, la hermana de Jane Bennet, Elizabeth; a lo que Darcy repone que la mencionada señorita no es lo suficientemente atractiva para tentarlo.

Sabiendo esto, Lizzy, que alcanzó a escuchar el comentario, se forma la peor idea del caballero, iniciando así este juego de voluntades entre ambos; aunque, bajo mi percepción, en ese coqueteo, del lado de Darcy, había una ternura que el carácter dominante de Lizzy no le permitía exponer completamente.
En principio, Jane Austen llamó esta novela Primeras Impresiones precisamente porque ambos protagonistas se forman una idea equivocada del otro. Darcy, el tipo orgulloso, y Elizabeth, la chica cuya familia le ofende por su falta de educación, modales y conducta vulgar, exceptuando de esto sólo a Jane, cuya única falta era que la creía indiferente a las atenciones de su amigo Bingley; sin embargo, luego se redefinió el nombre de la obra como Orgullo y Prejuicio. ¿Pero quién realmente representa el Orgullo, y quién el Prejuicio?
Definitivamente ambos adjetivos aparecen en el desarrollo de la obra en uno u otro personaje. Al principio se define a Darcy como orgulloso pero también resulta prejuicioso porque descalificó a Lizzy por su aspecto. Lizzy, por su parte, le juzga únicamente por este motivo y evita conocer más de su carácter por los prejuicios que sobre él tiene, lo que, a su vez, la vuelve también una persona orgullosa. Más adelante, cuando Darcy no puede negar más los sentimientos que tiene por ella, se combinan el orgullo y el prejuicio al citar todos los factores que dominan su lado orgulloso para proponerle matrimonio a una mujer sobre cuya familia siente tantos prejuicios. 

Elizabeth, en mi opinión, es la que determina el prejuicio a lo largo de la novela porque es más recelosa (aunque esto pudiera interpretarse como orgullo) a reconocer la razón en Darcy, justamente por todas las erróneas ideas que tiene sembradas de él en su cabeza; no obstante, y esto se puede comprobar cuando al leer y releer su carta, las razones y motivos que movieron a Darcy para actuar del modo en que lo hizo, ella empieza a liberarse de aquellos prejuicios, a cambiar su opinión de él y a darle la razón, excepto en lo tocante a Jane, aun cuando puede ver que también ahí Darcy había acertado. Darcy no ofrecía su amistad tan a la ligera como Bingley, por esto se había dedicado a observarla (además de que le gustaba), reconocía que a ella misma le parecía que la actuación de su familia era bochornosa y sobre lo de Wickham no tenía nada qué opinar que no fuera todo a favor de Darcy. Su carácter, además, se había suavizado tanto que cuando volvió a verlo en Pemberley, en compañía de sus tíos, sus sentimientos sufrieron una metamorfosis, que incluso la llevaron a cuestionarse el que hubiera rechazado su propuesta de matrimonio. Claro, con un marido de diez mil libras al año y una propiedad como Pemberley, cualquiera se hubiera cuestionado la negativa.

Tal vez Jane no pretendía definir en un personaje o en otro el orgullo y el prejuicio, ¿tal vez el título de la obra se refiera únicamente a Darcy?, tal vez ambos adjetivos estén presente en ambos personajes sin que hubiera que determinarlo en alguno; lo que sí es cierto es que estos personajes, con sus perfecciones y sus faltas, serán ejemplo para otros autores y serán discutidos, queridos y respetados por millones y millones de lectores hasta el fin de los días.
¿Qué opinas tú?
  

2 comentarios:

  1. Wow.. tienes razón, no lo había pensado.
    ¡Me encanta el blog! vine de paso y me quede.

    Saludos :)

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