miércoles, 8 de abril de 2020

Tienes un Email

Son unos días difíciles para la humanidad, el aislamiento puede volverse irracional para quienes no comprenden la relevancia de mantenerse al margen de la sociedad; pero para quienes sí entendemos la necesidad de esta medida, mantenernos apartados puede ser de mucho valor pues nos permite ser creativos en actividades que, por la rutina del trabajo, nos es complicado explorar. 

 

Escribir, leer, bloguear, cocinar y hacer postres son las tareas que la mayoría de los adultos que hemos sido desconectados de nuestros trabajos formales hemos estado explorando y exponiendo en las redes sociales, el nuevo punto de encuentro entre amigos y familiares. Yo también he podido unirme a la oleada, he blogueado y mirado películas que tenía pospuestas por falta de tiempo, aunque siempre es agradable para mí encontrar al azar en la tele alguna de mis favoritas: Tienes un E-mail.

En la película, el personaje de Meg Ryan, Kathleen Kelly, y el de Tom Hanks, Joe Fox, se conocen en línea, algo que estaba muy de moda a finales de los noventas, del siglo pasado, e inicios del 2000, cuando mucha gente comenzó a buscar a su alma gemela en internet, un método que sigue funcionando hoy en día pues todavía hay quienes por alguna razón se dirigen a estas casas de citas para encontrar el amor.  Pero este no es el punto que inspiró el artículo sino hacer una comparación de la forma en la que los protagonistas de You´ve Got Mail se comunican y la nueva forma, tan parecida, que, en estos momentos, tenemos todos para mantenernos en sociedad, desde la comodidad de nuestros hogares, detrás de un computador, un teléfono móvil o una tablet.
 
Es cierto que parece que estuviéramos viviendo una de esas taquilleras películas de terror o ciencia ficción sobre el fin del mundo o una invasión Zombie, en las que para salir a obtener suministros debes burlar a los guardias de la ciudad y meterte en la casa solitaria del vecino rico para hurtar su refrigerador, se me ocurren unas cuántas parecidas: La Huésped, Guerra Z, Bird Box, Seeking A Friend For The End Of The World, Into The Forest, además de Contagio, que relata justamente lo que estamos viviendo estos días. Nada comparable con la felicidad de Tienes un E-mail, donde la ciudad de Nueva York, que en estos momentos está siendo cruelmente atacada por el coronavirus, es una protagonista más. 
Escena de la película La Huésped
Basado en el comportamiento de otras pandemias los mandatarios tienen confianza en que pronto se dará una vacuna y la cura para este virus, mientras todos miramos, de brazos cruzados y encogidos de hombros, que la economía global se derrumba. Desde incontables años los venezolanos hemos venido batallando la crisis (aunque de otra índole), ya tenemos postgrados y doctorados en ello, somos esclavos de la economía. Pero últimamente se podía sentir cierto respiro en las familias, los emprendedores habían comenzado a conquistar las comunidades y el dinero se estaba moviendo nuevamente, yo una más de estas personas con un trabajo adicional, totalmente artesanal; mas con la llegada del Covid-19 hemos vuelto a como estábamos antes, sin fuentes adicionales de ingresos, estancados profundamente en un país consumido por la pobreza de la política estatal, sin gasolina, un sistema de salud indeseable y temiendo por el desabastecimiento y salud de todos los venezolanos.

La nueva normalidad de esta distopia mundial requiere de una gran porción de paciencia, pero, sobre todo, de mucha conciencia sanitaria sobre esta alarma global. 

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martes, 7 de abril de 2020

Derechos de autor

Estos son los días creativos (aunque yo me sienta con algo de bloqueo de escritora), por esta razón se me ha ocurrido comentar, a propósito de algunos snaps que tenía pendientes de colocar en mi cuenta Instagram sobre mi parte favorita de la última versión de Mujercitas, acerca de un punto que me toca los sentidos: el derecho de autor.

Snap de la película Mujercitas
En la película Jo trata de hacerse un lugar como escritora, y justo en la parte final lo consigue, aunque doblegando un poco su independencia pues debe rendirse a sus ideales y dar ese desenlace novelesco, y entiéndase por novelesco a un casamiento apropiado de la heroína de la época, tras conseguir un editor que se lo ha exigido antes de publicar su trabajo. En esta parte, autora y editor debaten su anticipo, las regalías por las ventas y la adquisición por parte de la editorial de los derechos de autor, que ella no está dispuesta a ceder.

 

Los que escribimos sabemos que no es fácil, primero, conseguir una historia interesante que contar (aunque se han dado casos), lo que puede ser fascinante para unos resulta una tontería para otros, pero lo importante es mantener la escencia como autor. En los tiempos de Louisa May Alcott es posible que no fuera común mantener el libre albedrío como autora pues, además de la discriminación femenina, si la editorial consideraba que el trabajo era muy adelantado o escandaloso, con heroínas demasiado independientes de mente, entonces no se arriesgaban a publicarlo. Pero hoy en día es todo más sencillo en este sentido (no me refiero a dar con una editorial), escribir historias diferentes, salirse del patrón, con finales felices, infelices, es muy posible, las editoriales son más audaces, apuestan por esos trabajos controversiales y en el caso de que ninguna lo considere, siempre existe, como autor, la oportunidad de autopublicarlo.
 
Aunque sería lindo dar con una editorial que esté de acuerdo contigo, en que tu trabajo merece ser exhibido, en mi caso --y no es la primera vez que hablo de esto--, dado que no he tenido esa suerte de conseguir un editor, me he acostumbrado a tener el control absoluto de lo que escribo, cómo lo publico y cuándo, reservando para mí los derechos totales de mi autoría, a través de la autopublicación. Ahora bien, pues en general, estar respaldado por una editorial es el sueño de cualquier escritor, es cierto que aunque hoy en día son más liberales en cuanto a los contenidos que en los tiempo de Jo, de Louisa May Alcott y sus Mujercitas, es igual de verídico que existen nuevos medios de someter a los autores. El marketing se ha convertido en la primera motivación de publicación, si un libro funciona, las editoriales buscarán obtener del autor hasta su último pensamiento, estableciendo esquemas de venta dictaminados por secuelas y precuelas, entre tantos otros elementos que pueden ser usados para mantenerlo bajo sus condiciones, lo que, como autor, impedirá ese libre albedrío de iniciar nuevos proyectos y dar rienda suelta a la imaginación, que es tan importante en el proceso creativo.

Estoy segura de que si Jo escribiera en nuestra época no complacería los caprichos de un editor, y si en aquel momento escogió defender sus derechos como autora, hoy, que es más sencillo acceder a los medios de darse a conocer, no dudaría en votar por la autopublicación.

Si te gustó este artículo no dudes en dejar comentarios.

Nota: todas las imágenes empleadas para ilustrar el artículo son capturas de la película.

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lunes, 6 de abril de 2020

Mi lectura indie: Montañeros, una especie en extinción (Serie Montañeros Libro #1)

Si no me equivoco fue por el año pasado que supe de la existencia de esta novela. Lo primero que me atrajo mi atención fue el hermoso hombre de la portada --si pudiera decir que siento instant crush por algo en esta vida es hacia los libros--, luego me sedujo la sinopsis, una historia sobre un grupo de hombres hoscos, dueños de una montaña me parecía indicada. Ahora bien, la felicidad se materializó recientemente cuando por casualidad paseaba por el rankeo de los libros más vendidos gratis en romántica de Amazon y ahí estaba, esperando por mí.
 

Como ha sucedido con otras adquisiciones, aunque no ha pasado en los últimos meses, desde el inicio la historia me enganchó, está muy bien narrada y trae un argumento interesante, un montañero empeñado en proteger su montaña de la salvaje civilización.

Por supuesto, el muchacho y su familia tienen un plan para salvar la montaña de las ambiciones del tío Rhett, el cual incluye a Julie, una bióloga que vendrá a investigar las curiosidades que se esconden en la montaña.

Montañeros, una especie en extinción, es el primer libro de la serie Montañeros de J. de la Rosa.

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Mi lectura indie 2019



domingo, 5 de abril de 2020

Baile de primavera - Parte 3


—Con todo lo que he escuchado esta velada, espero que no siga promocionando usted la amistad entre su favorita y yo? —Le dijo Emma al señor Knightley cuando estuvieron sentados uno junto al otro en la mesa de Lady Catherine durante la cena.
Era raro que Emma se alejara de casa, pero había recibido una invitación de Lady Catherine, una vieja amiga de su padre, para pasar una temporada en Rosings, y siendo así, el señor Woodhouse no pudo poner objeción, además, el señor Knightley se había ofrecido a acompañarla hasta allí antes de atender negocios en Londres. Fue muy difícil para Emma tener que dejar a su amiga Harriet en Highbury justo cuando, debido al fracaso del proyecto Bingley, se había presentado un nuevo prospecto: el señor Elton. Lo había elegido como el indicado para conseguir que su amiga abandonara el interés por el señor Martin, quien, a su vez, los últimos días había sido demasiado inoportuno al hacerle un ofrecimiento de matrimonio a través de una carta, muy bien redactada, pese a los prejuicios de la señorita Woodhouse sobre el granjero; no obstante, Emma era más astuta que él habiéndolo dejado todo orquestado entre la próxima pareja, Elton y Harriet. Hasta el momento, el señor Elton se expresaba muy bien de Harriet y la consideraba tan atractiva como para inducir a Emma a hacer un retrato de la joven que, en lo que estuvo listo, fue el más animado en viajar a Londres para hacerlo enmarcar.
—¿Mi favorita?
—La señorita Elizabeth Bennet.
—Es una joven admirable —dirigió la mirada hacia la muchacha, con cuyos ojos se encontró, Lizzy estaba sentada diagonal a él, junto al coronel Fitzwilliam, al señor Knightley le pareció verla ruborizar. A consciencia de que no era prudente sembrar ningún tipo de dudas en una muchacha con la que, aunque le agradaba por su viveza e inteligencia, no pensaba obtener sino una buena amistad para Emma, el señor Knightley retiró la suya para continuar atendiendo a su joven amiga—, como también lo es la señorita Jane Fairfax —Emma revolvió los ojos, pero no pensaría que es mi favorita.
Antes de que la señorita Elizabeth Bennet se presentara en el baile de Highbury, Emma pensaba que el señor Knightley tenía sentimientos ocultos por Jane Fairfax, pero desde que conoció a la joven de Hertfordshire y aunque él lo negase afirmando que no existía la mujer que le tentara a casarse, Emma intuía que estaba enamorado de ella. Sin embargo, a pesar de sus intuiciones, prefirió evitarse el comentario de una relación inconveniente para su amigo y escogió hablar de Isabella, John y los niños, a quienes Knightley vería cuando se marchara a Londres.
Del otro lado de la mesa, Lizzy tuvo el honor de ser ubicada junto al coronel Fitzwilliam, también sobrino de Lady Catherine, un hombre tan distinto a su primo, amable en el trato, que, aunque no era igual de carismático que el señor Knightley, le inspiraba confianza.
—¿Cuántos días piensa quedarse en Kent? —Le preguntó Elizabeth.
—Todo dependerá de Darcy, estoy a sus órdenes, él dispone de las cosas a su conveniencia.
—Creo que así es con todo, incluso con lo que no está directamente relacionado con él.
—Sabrá que así es. Es uno de esos hombres cuya opinión es muy respetada e influyente.
Pensando en que sobre este tema, Lizzy podía indagar más, no tardó en preguntar.
—¿A qué se refiere?
—Verá, he sabido que mi primo ha salvado a un buen amigo suyo de una unión inconveniente el pasado invierno.
¡Bingo! Justo lo que Lizzy había pensado, suponiendo que este amigo fuese Bingley.
—¿Ah, sí?
—Había algunas objeciones en cuanto a la joven.
—¿Objeciones contra la joven?
Elizabeth cruzó una mirada furiosa con Darcy, quien, del otro lado, sentado junto a su tía y la señorita Anne de Bourgh, su futura esposa, también la miró.
Ya le había comunicado a Jane sus pensamientos sobre la distancia de Bingley y la hostilidad manifiesta en las cartas que había recibido de la señorita Caroline Bingley, que habían sido elaboradas para conseguir la decepción de su pobre hermana. ¿Con qué derecho se creían todos de intervenir así en la felicidad de los demás?
—Sí, pero no conozco los detalles. Creo que usted lo conoció el pasado invierno, ¿no es así?
—Así es —Lizzy todavía miraba al señor Darcy con el resquemor propio de una hermana ofendida—, en un baile público de Highbury.
—Entonces tal vez haya conocido también a su amigo.
—Bingley —dijo ella.
Darcy, desde el otro lado de la mesa pudo leer el nombre de su amigo en los labios de la dama, pero no consiguió comprender por qué le miraba de ese modo tan intenso, casi con odio.
—Justamente.
—Si me disculpa…
Aunque Lizzy sabía que era una descortesía y muy impropio de una señorita educada retirarse de la mesa cuando todavía no había culminado la cena, ella necesitaba ausentarse.
El coronel Fitzwilliam la miró levantarse, Lady Catherine le hizo un llamado de atención, Darcy calificó su imprudencia, Charlotte se preguntó qué pasaba, el señor Collins pensó que esto era lo más vergonzoso que una invitada suya le había hecho delante de su patrona, Emma miró a su amigo haciendo conjeturas, pero el señor Knightley fue el único genuinamente preocupado.
—Lo siento, necesito un poco de aire.
A sabiendas de que estaba siendo juzgada por todos en la cena, se deslizo hacia el salón y luego a la terraza donde finalmente pudo respirar.
—Señorita Bennet —escuchó la voz del señor Knightley detrás de ella—, está usted bien.
—¡Oh, señor Knightley! —lloró ella hasta acomodarse entre sus brazos.
El señor Knightley pareció sorprendido del arrebato de la joven, pero la recibió con un abrazo y trató de consolarla.
—Todo va a estar bien. Todo va a estar bien.

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viernes, 3 de abril de 2020

Andrés, el joven guerrero

Queridos lectores, esta vez he venido a contarles que he tenido la oportunidad de colaborar con un amigo muy cercano en la edición de su primer trabajo autopublicado. Se trata de un relato venezolano, recreado a través de la imaginación vivaz de un niño, que en su retorno a casa vence una serie de obstáculos y criaturas mitológicas que saldrán a su encuentro. 

Es la primera vez para mí también que trabajo editando la historia de alguien más, pero me contenta que hubiera sido con este autor y amigo tan especial para mí, Greg Day, creador de esta fantasía, puesto que, también es la primera vez que trabajo con algo autóctono de la región en la que vivo. Pues buen. ya, sin dar tantas vueltas, les dejo el link del ebook en Amazon.

Sinopsis
Andrés es un niño obediente con una imaginación muy despierta, pero será su valentía la que prevalezca cuando al volver a casa viva su más grande aventura.


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Ilustraciones
 
 

domingo, 29 de marzo de 2020

Baile de primavera - parte 2



 

La señorita Emma Woodhouse estaba distraída en la conversación de Lady Catherine cuando notó que su amigo se acercaba llevando del brazo a esa chica de la que le había hablado tanto desde la pasada temporada en el baile público de Highbury.
—¡Knightley…! ¡Ven, mi querido Knightley! —Se interrumpió Lady Catherine al reconocer también que su invitado se acercaba a hacerle honores—. ¡Darcy, tú también!
—Lady Catherine…
El señor Knightley le dio sus respetos y se permitió presentar a las jóvenes:
—Desde hace unos meses he querido que estas dos amigas se conozcan.
—Por supuesto, por supuesto, la señorita Elizabeth Bennet necesita de buenas conexiones.
Elizabeth respiró profundamente y trató de parecer impertérrita, ella no se dejaba influenciar por los comentarios de Lady Catherine, pero estaba fastidiada de tener que escucharlos cada vez que la gran señora sentía que debía hacerlos. Por su parte, Emma trató de componerse también, aunque en la temporada pasada, Jane Bennet le había parecido una excelente joven, ella no tenía interés alguno de conocer o intimar con su hermana. No le hacía gracia que tuviera deslumbrado a su amigo. A Emma se le había asignado la fama de tener buen ojo para organizar a los corazones solitarios y arreglar bodas —jamás habría sido tan egoísta como para conservar a la señorita Taylor cuando podía intervenir en su felicidad conyugal—, sin embargo, era un poco como su padre, no le gustaban los cambios —a menos que fueran orquestados por ella—, y aunque sabía que en alguno de los giros del destino el señor Knightley habría de casarse, nunca imaginó que sería con una desconocida que no aprobaba ni sentía una pizca de admiración.
—Elizabeth, conoce a mi querida Emma. Emma, le presento a la señorita Elizabeth Bennet.
Elizabeth sonrió e hizo una reverencia hacia la joven. Del mismo modo fue correspondida.
—Nos saludamos más temprano —reconoció Lizzy al recordar cuando ambas señoritas cruzaron miradas a su llegada al salón. Emma sonrió aceptando el hecho.
—La señorita Elizabeth Bennet es huésped del matrimonio Collins —intervino Lady Catherine—, hemos tenido el honor de su compañía en algunas ocasiones, aunque a menudo le he insistido que venga a practicar el piano para que mejore sus destrezas—. Darcy, ¿cómo van las lecciones de música de Georgiana.
—Ha avanzado mucho, tía.
—Georgiana va a ser una excelente pianista, tal como lo habría sido Anne de no ser por sus afecciones —Lizzy evitó mirar por más del tiempo requerido a la hija de Lady Catherine, sentada junto a Emma, que al escuchar el comentario de su madre, se miró los dedos, enlazados entre sí sobre su regazo. En este momento Lizzy no pudo evitar recordar las palabras de Wickham acerca del destino de la joven, con el hombre detenido a unos pasos de ella. Intentó no reír al pensar que la señorita Caroline Bingley parecía deseosa de llamar la atención del señor Darcy en aquel baile de invierno—. Es lo que le digo a la señorita Bennet, que se prepare, todavía está a tiempo. ¿Creo tiene usted hermanas...?
—Cuatro más.
—¿Cantan y saben tocar el piano?
—Una de ellas mejor que las demás.
—¿Por qué no todas? Su padre ha debido emplear recursos para que aprendieran música y canto. ¿Saben dibujar?
—Ninguna.
—Pero, ¿cómo? ¿No tuvieron institutriz?
—No, señora.
Lady Catherine miró a Emma, cuestionándose todo.
—¡Eso es una locura! Educar cinco hijas sin institutriz. Una institutriz es importantísima para regular los horarios de estudio. Su madre habrá vivido mortificada en educarlas.
—La verdad es que no.
—¿No?
Acá, Lady Catherine volvió a juzgar la educación de las señoritas Bennet recurriendo a la mirada de Emma, quien, a su vez, miraba al señor Knightley pensando: lo ve, no hay nada de inteligente ni destacable en su querida amiga
Gracias al cuestionario que estaba haciendo Lady Catherine a la joven, Emma pensaba que podía estar tranquila de que nada se alteraría, al menos por un tiempo, en lo referente a su amistad con el señor Knightley ni en su reducida sociedad.
—Emma ha tenido a una de las mejores institutrices del país.
—Casi una hermana para mí, pero no lamenté haberla perdido.
—Claro que no, se ha casado con un hombre excelente.
—Así es, y ella sigue siendo mi gran amiga.
—Por supuesto. Señorita Bennet, si hubiera conocido a su madre a tiempo no habría descansado hasta ver que contratara una institutriz para usted y sus hermanas.
Mi madre la habría escuchado, pero en realidad no creo que hiciera falta; cuando quisimos estudiar tuvimos los medios para hacerlo, siempre hemos sido aficionadas a la lectura y tuvimos todos los profesores que necesitamos.
—Lamentable, muy lamentable. Dígame algo, ¿sus hermanas han sido presentadas en sociedad?
—Así es.
Emma miró nuevamente al señor Knightley, que miraba con atención toda la retórica entre su señoría y la señorita Elizabeth Bennet.
—¿Todas?
—Cada una.
—Pero eso no está bien, ¿qué edad tiene la menor de sus hermanas?
—Dieciséis, señora.
—Dieciséis…, ¿qué pasaría entonces si alguna de las menores fuera considerada en matrimonio antes que las mayores?
—Particularmente pienso que no es justo que se sacrifique la felicidad y la vida social de las hermanas menores por el simple hecho de que las mayores no puedan casarse. Las que han nacido después tienen tanto derecho a los placeres de la juventud como la que ha nacido primero[1].
—Tiene usted mucha resolución para ser tan joven. ¿Qué edad tiene, señorita Bennet?
Teniendo cuatro hermanas en edades casaderas, espero que comprenda mi reserva en revelar la mía.
—Solo quería confirmarlo, pero le calculo veinte años.
—¿Qué opinas tú, Emma? ¿Acaso no entraste en sociedad luego de que Isabella se casó?
Emma miró fugazmente a su amigo, de cuyo brazo todavía colgaba la señorita en cuestión. Notó que éste la observaba también con cierto interés en su respuesta.
—Los códigos sociales han de ser respetados, Lady Catherine, pero tal vez no sea la mejor en responder pues no tengo pensado casarme.
—¿Cómo no?
—En absoluto. Aunque me gustan las bodas, así como arreglarlas —nuevamente miró fugaz a su amigo—, creo que no estoy hecha para el matrimonio, prefiero disfrutar de mi libre albedrío eternamente. 
—En tu caso, que eres rica, bella e inteligente, podría perdonar tal tontería, Emma, pero la señorita Bennet, que no tiene las mismas oportunidades que tú, tiene que prepararse, pues en la vida está condenada a casarse o a ser la institutriz de alguna familia. Cuando necesites una postulación, acá estaré a la orden, gracias a mi recomendación cuatro jóvenes se han colocado muy bien.
Desde que se acercó a la reunión Darcy había pensado que su tía estaba exponiendo demasiado a la joven Bennet con su escrutinio, pero hacer el último ofrecimiento era pasarse de la raya. Estaba dispuesto a intervenir en favor de la señorita Bennet, pero ella misma sabía cómo hacerlo.
—Todavía me creo capaz de atraer a alguien que por amor quiera hacerme su esposa, su señoría.
A Lady Catherine no le agradó el orgullo de la joven, hasta ese momento nadie nunca le había hablado de ese modo indecoroso, no obstante, cuando se preparaba para hacer su réplica, fue interrumpida.
—¿Qué dice? —Su atención había sido requerida por uno de sus mozos—. Bien —levantó la mirada antes de dirigirse a todos. Ya podemos pasar a cenar.


[1] Cita del libro Orgullo y Prejuicio.

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