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domingo, 13 de junio de 2021

Novela crush: La milla verde

Desde hace algunos meses he pensado que mi papá es un viajero del tiempo. Sí, sé que se leerá exagerado, pero es una fantasía que me gusta emplear para describirlo pues él es una de esas sabias personas que sabe cómo invertir el dinero en artículos que en el futuro serán utilizados por esta hija, como si supiera lo que necesitaré en el transcurrir de los años, igual que sucedió con el libro La milla verde, por ejemplo, que hace  varias navidades estaba debajo del árbol entre mis regalos. Recuerdo que cuando aquella nochebuena leí Stephen King en la portada se activó mi prejuicio de lectora, ¿yo leyendo terror? (aunque por la película, o lo poco que conocía o recordaba de la película, sabía que no se trataba precisamente de algo de terrorífico, al menos no en todo el sentido del término, nivel King), simplemente no me parecía, pensé que mi papá había escogido el libro porque Tom Hanks estaba en la portada; pero lo cierto es que en aquel entonces me había entregado a la lectura de las novelas románticas directas desde mi lector. Sí, sí, había renunciado a los libros físicos, era demasiado feliz con mi reader, pero debido a la realidad nacional de estos años, he tenido que reinventarme y salir, a pesar de la pandemia, a trabajar, pero donde trabajo (sí, porque puedo leer mientras trabajo, no todo es tan malo), llevar un reader sería tentar a la delincuencia. Mas gracias a los viajes en el tiempo de mi papá, que sabía que en estos años difíciles yo tendría que darle otra oportunidad a los libros de papel, he podido leer una novela que si por mí habría sido, la tendría juzgada, incluso por la invitación de su portada, pero que, a pesar de mí, ha superado las expectativas.

La Milla Verde, cuya historia conocía levemente por la película de 1.999 (realmente no estoy segura de haberla visto en aquel tiempo o si la conocía por las maravillas que al respecto mencionaban amigos y familiares que sí la habían visto), ha sido una revelación y mi novela crush por varios detalles, el primero ha sido la forma de narrar del maestro, que me ha enganchado desde el prólogo, me ha gustado leer sus tropiezos para escribirla y cómo consiguió darle forma, de algún modo ha sido (y se leerá horrible) reconfortante saber que el más grande de los autores pasa por los mismos inconvenientes de bloqueo o para formar una historia que quienes pretendemos ser autores autopublicados. Me gustó que no fuese una novela precisamente de terror, aunque, claro, ha sido explícito cuando ha tenido que serlo, no vamos a esperar una narración rosa en una obra de Stephen King, sino un argumento donde la fantasía juega un rol estelar. Por supuesto, no puedo dejar de mencionar que me ha encantado la referencia a Jane Austen, ha sido una especie de guiño, "Hey, Mariela, yo también puedo ser austenita". 

Como he indicado en párrafos anteriores no había visto la película (o eso creo), si acaso alguno que otro fragmento, por lo que, luego de terminar el libro necesité verla para ilustrar lo leído, de lo que he concluido que fue una adaptación honesta que consiguió capturar los momentos de la novela, resaltando la actuación de Michael Clarke Duncan, quien reflejó la vulnerabilidad del personaje John Coffey. 

Snap de la película La Milla Verde

Sinopsis

El bloque "E" de la penitenciaría de Cold Mountain ha recibido a John Coffey, el responsable de la muerte de las gemelas Deterrick, un hombre de estatura descomunal cuyas palabras, "Traté de hacer algo por ellas, pero fue demasiado tarde", marcan a Paul Edgecombe, el jefe de la prisión. Desde entonces una serie de milagros comienzan a suceder, pero a pesar de la duda, y de que Coffey no parece ser lo que las evidencias han demostrado, sus días en Cold Mountain estás contados y pronto tendrá que cruzar el pasillo de la muerte.


La milla verde es una novela de Stephen King.

Nota: este artículo también será publicado de forma resumida en la cuenta Instagram: @novelacrush.


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lunes, 5 de octubre de 2020

Prejuicio de lectora

Esta tarde vengo a hablarles de mi prejuicio de lectora. 

Por alguna razón, soy excesivamente selectiva con las películas que miro y los libros que leo, ya he mencionado antes, acá en el blog, mi cansancio de las novelas románticas, muchas de ellas tan repetidas que no ofrecen algo refrescante al género; sin embargo tampoco le doy demasiada oportunidad a otro tipo de lecturas; aun así, sabía que llegaría el día que dejaría los prejuicios a un lado y leería a una de las autoras más importante de nuestro tiempo: Annelies Marie Frank


Antes no había tomado El Diario de Ana Frank porque me había formado un prejuicio al respecto tras ver películas sobre la ocupación nazi, pensaba que al leerlo me integraría a un mundo en el que prevalecería el horror del genocidio, la miseria y la injusticia de la guerra, pero Annelies me ha sorprendido con sus vivencias y la complejidad de sus sentimientos, que no son todos sobre su condición de judía escondida, sino de una chica de trece y catorce años que desgraciadamente no se vuelve adulta, pero cuya madurez es tal que será siempre un ejemplo para las jóvenes de nuestro tiempo y la humanidad.


Ahora bien, me ha llamado la atención, de acuerdo a los documentales sobre Anne Frank que he visto, que lo que ha captado el interés de otros lectores ha sido la curiosidad por lo que pudiera contar una jovencita sobre el horror del holocausto, yo he tomado el libro porque sentía que era algo así como una asignatura pendiente y que debía leerlo, pero el mío ha sido cautivado por ese lado tan íntimo y femenino que ha dejado plasmado en sus páginas. Me he sentido admirada e impresionada de las introspecciones de esta chiquilla, que comienza teniendo trece años y a la que luego vemos cumpliendo quince, y que, como cualquier adolescente, siente dudas, quiere explorar su sexualidad y se enamora --justo aquí fue donde se derrumbaron todos mis prejuicios de lectora--, algo que de verdad no me esperé. Como ya he expuesto, me había hecho la idea de que leería informaciones sobre el momento político de aquellos años (1942-1945), que tal vez sería una narrativa pesada, puesto que me hacía leyendo sobre fusilamientos o campos de concentración, pero no fue nada relacionado con mis expectativas, me encontré con una lectura ligera, y con unas reflexiones que ya hubiera querido tener a mis veinte. 

Siempre que veo una película y más que todo cuando leo un libro trato de ponerme en el lugar del narrador, y, en este caso, más allá de lo que sucediera afuera de la casa de atrás, tenía que ser demasiado incómodo el día a día de una adolescente que no podía ver la luz del sol, que carecía de privacidad, que estaba rodeada de adultos y las únicas personas jóvenes eran su hermana, con la que rivalizaba un poco por la preferencia del afecto de sus padres, y Peter, el hijo de la otra familia que estaba oculta con los Frank. Pero Ana era una jovencita admirable que, aunque inquieta, la rebeldía propia de su edad, sabía muy bien lo que quería y hacia dónde quería llegar. A los catorce ya sabía que no quería ser ama de casa como su mamá o la señora Van Daan, sino que quería ser periodista y escritora, muchos de nosotros, a los cuarentiún años, todavía no sabemos lo que queremos. 

Tampoco me esperé que hubiera escenas de amor en este diario. Como mujer, y no que el amor de pareja lo signifique todo, pero me dio gusto saber que ella pudiera experimentar lo del primer amor y que se identificara con esa persona, un solitario como ella, en la que pudiera confiar tantos sentimientos que la afectaban estando confinada, incomprendida y sola.

Para cerrar, no voy a negar que mientras leía este importante testimonio sobre el holocausto me he preguntado, como tantos otros lectores, si la verdadera Ana Frank habrá existido y si este diario no ha sido producto de la imaginación de alguien, quizá del mismo Otto Frank, que, con las post guerra, hubiera querido llamar la atención o sacar ventaja de tal experiencia, pero cuando he llegado al final, me he convencido de que no es así. Ana Frank existió, ahora es libre y aún vive gracias al valioso legado que nos dejó.

 

Citas del libro:

El ser humano pude sentirse solo a pesar del amor de muchos, porque para nadie es realmente “el más querido”.

Por qué sueño y pienso siempre en las peores cosas y quisiera ponerme a gritar de tanto miedo que tengo.

Porque a pesar de todo, no confío lo suficientemente en Dios.

Para mí este diario tiene valor, ya que a menudo se ha convertido en el libro de mis memorias.

¿Acaso el género humano es tan tremendamente egoísta y avaro en su mayoría?

¡Cuánto me gustaría poder seguir comportándome como una chica de mi edad!

Y estoy convencida de que la naturaleza es capaz de paliar muchas cosas terribles, pese a todo el horror.

¡Qué idiotas y estúpidos son los mayores!

El amor es comprender a una persona, quererla compartir con ella la dicha y la desdicha.

Kitty, soy como una enamorada que no habla más que de su amor.

Pienso mucho, pero digo poco.

¿Quién será el primero en descubrir mi coraza y perforarla?

No quiero admiradores sino amigos.

¿Qué importaría que no me quedaran sino unas pocas personas? Pocas, pero sinceras.

Pese a todo, en 1942 tampoco era enteramente feliz.

Veo mi vida de niña hasta el año nuevo de 1944 como bajo una lupa muy potente.

Dejé de ser tan niña, me empezaron a tratar más como a una adulta.

En esos momento nos pienso en la desgracia, sino en todas las cosas bellas que aún quedan.

Piensa en todas las cosas bellas que hay dentro de ti y a tu alrededor, y sé feliz.

Creo que toda desgracia va acompañada de una cosa bella.

El que es feliz hace feliz a los demás.

El que tiene valor y fe, nunca estará sumido en la desgracia.

Lo que más echo de menos es la naturaleza y algún lugar en el que pueda estar sola todo el tiempo que quiera.

¿Cuándo saldré de esta maraña de pensamientos? ¿Cuándo volverá a haber paz y tranquilidad dentro de mí?

¡Ojalá toda esta porquería de guerra se acabe pronto!

Nadie debe saber que dentro de mí se sigue librando una batalla: una batalla entre mis deseos y la razón.

No es asunto nuestro criticar a quienes nos protegen.

Quienes no escriben no saben lo bonito que es escribir.

Y si llego a no tener talento para escribir en los periódicos o para escribir libros, pues bien, siempre me queda la opción de escribir para mí misma.

¡Quiero seguir viviendo , aún después de muerta!

Cuando escribo se me pasa todo, mis penas desaparecen, mi valentía revive.

Pero entonces surge la gran pregunta: podré escribir algo grande algún día? ¿Llegaré algún día a ser periodista y escritora?

 

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