miércoles, 27 de noviembre de 2013

Dear Marie



Estaba la otra tarde escuchando la canción de John Mayer, “Dear Marie”, cuando me puse un poco nostálgica. La canción trata de este hombre exitoso –que suponemos es John– y su amor de la secundaria, según el cual, estuvo enamorado cuando la chica, “Marie”, tenía quince años. Cada uno continuó su camino, él es importante y aparece en revistas mientras ella tiene todo lo demás: la casa, el esposo y los hijos. Pero lo que me puso melancólica, por exponerlo de alguna manera, es la parte de la canción en la que John dice que “de vez en cuando” acude a internet para ver la fotografía de la chica. Así, la línea de la canción me llevó a otra cosa, y esta otra cosa a otra más, y terminé pensando en Jane Austen.

Es gracioso, lo sé, ¿qué tiene que ver Jane Austen con John Mayer, y  más con Dear Marie? Bueno, pensé en cuántas personas en el mundo tienen una “Dear Marie” –o un “Dear…”–; cuántas personas alrededor del mundo van a internet, a Facebook, que es donde se reencuentran aquellas amistades del liceo, de la universidad, que ya no frecuentan, pero que alguna vez significaron mucho; cuántas de estas personas continúan solteras; cuántas casadas; cuántas comprometidas. Fue entonces cuando pensé en Jane Austen.
Es quizás el anhelo normal de todas las seguidoras de Jane, lo poco que obtuvimos de su vida privada y el valioso legado que nos dejó de su vida literaria, lo que nos mueve siempre a especular sobre su vida amorosa.
Imaginé a una Jane madura, un poco más irreverente de la normal, frente a una laptop, escribiendo una intensa novela de amor, en la sociedad moderna; haciendo, a su vez, tweets para mantenerse en contacto con sus seguidores, con un muro en Facebook y un blog en Tumblr.
¿Qué escribiría Jane en estas redes sociales? ¡¿Qué le parecería todo esto de las redes sociales?! Probablemente sí estaría en Twitter porque lo creería más auténtico, esto sin mencionar la legión de seguidores de su trabajo que convivimos, realmente, en Twitter. ¿Pero qué sería de Facebook? ¿Realmente estaría en Facebook? ¿Sería activa allí? ¿O lo emplearía para reconectarse con viejos amores? Digamos… ¿Tom Lefroy? ¿Tal vez? ¿Iría ella a ver la fotografía de Tom en línea como dice la canción de John?
***
En mi mundo de fantasía Jane despierta de un prolongado letargo y se encuentra con este mundo alocado y rápido, y aunque para ella sería un choque dramático entre lo que está acostumbrada y firmemente cree y el libre albedrío ilimitado de la juventud, de la humanidad, de estos días; probablemente, aún así, se adaptaría y aprovecharía su nueva situación para poner en práctica lo mejor de su creatividad y así recrear la nueva sociedad en sus novelas.  

martes, 16 de julio de 2013

Colaboraciones




Como parte de la fantasía que, probablemente, todas las Austenitas sentimos por la vida privada de Jane Austen y el enfoque en sus novelas; he colaborado con una entrada para el hermoso blog de mi amiga twitera @salonjaneausten, que celebra los 200 años de la obra Orgullo y Prejuicio, 200 Years of Pride and Prejudice. La entrada corresponde a la hipótesis que he manejado en mi cabeza desde que conozco la historia celebrada y lo poco que se sabe sobre Jane, especialmente de su vida romántica. Invito a todos a que visiten la página mencionada y comenten qué les parece.
¡Saludos!

Las Galanterías de Mr Darcy



Éste es el año de Orgullo y Prejuicio, se celebran doscientos años desde su primera publicación, alrededor del mundo millones de seguidores de Jane Austen están, algunos, leyendo por primera vez y otros releyendo la novela. También soy una de estas seguidoras. La leí en enero para celebrar el propio día de la publicación y, como me sucede con cada relectura, me sentí motivada para hacer varias publicaciones relacionadas. Una de ellas ésta, que la inspiró el mismísimo Mr Darcy.


Lo que normalmente destaca de Mr Darcy entre los lectores de la novela de Jane Austen, Orgullo y Prejuicio, es el hombre orgulloso cuyos sentimientos se modifican con la negativa de Elizabeth Bennet a su altiva y ofensiva propuesta de matrimonio.
Pero Mr Darcy es más que un hombre orgulloso, en sí es una noble criatura, de sentimientos humildes y profundos, que se preocupa por sus conocidos y los más necesitados. Y, a pesar que luchaba contra el afecto que crecía en él por Elizabeth, sus poco usuales galanterías se ponen de manifiesto en sus interlocuciones con ella para el deleite de todas sus lectoras.
Amo las galanterías de Mr Darcy, galanterías que, con cada relectura de la obra, adquieren un nuevo cariz, y que esta vez, en la celebración de los doscientos años de Orgullo y Prejuicio, motivaron esta entrada.
Darcy expone su soberbia desde la entrada de la obra, en el capítulo III, durante su primer encuentro con Elizabeth, en el baile público de Meryton. A pesar de que había pocas parejas, rehúsa bailar con ninguna de aquellas desconocidas, aun cuando Bingley, su amigo, le sugiere que invitase a Elizabeth.

No está mal, aunque no es lo bastante guapa como para tentarme; y no estoy de humor para hacer caso a las jóvenes que han dado de lado otros. Es mejor que vuelvas con tu pareja y disfrutes de sus sonrisas porque estás malgastando el tiempo conmigo.

Y como castigo divino, la chica que no era lo suficientemente guapa para tentarlo empieza a gustarle, pero, para su mala suerte, Eliza escucha el mal comentario que hace sobre ella durante el baile, lo que implica el nacimiento, comprensible, de su antipatía hacia él, esto, sumado a la aversión general del pueblo que enseguida lo tildó de orgulloso, que ni sus diez mil libras de renta podían salvarle de parecer agradable.
Darcy es un hombre que no puede hacerse sociable fácilmente, por lo que se dedica a observar a Elizabeth en las próximas reuniones. No le hablaba pero la observaba insistentemente. Sus lindos ojos son el primer atributo que le gusta de ella.
Darcy tiene más tiempo de socializar con Elizabeth cuando ella acude en socorro de su hermana, que yacía enferma en Netherfield Park. En las tertulias que se desarrollan en la casa de Bingley, Darcy encuentra más tiempo para observarla y es en ese momento cuando descubre a sus lectoras sus primeras galanterías.
La señorita Bingley estaba siempre al acecho, intentando ridiculizar a Elizabeth, porque sabía que a Darcy le era atractiva, él mismo se lo había confesado, y sabía el efecto que tenían en él sus lindos ojos. Pero sus tretas siempre le funcionaban a la inversa y en vez de atraer su atención hacia sí, lo que hacía era volverla hacia ella. Elizabeth sentía placer en caminar, le gustaba el ejercicio, y cuando su hermana cae en cama por el resfriado que le produce haber asistido a caballo, bajo la lluvia, a la reunión con las hermanas Bingley, acude a ella andando tres millas desde Longbourn hasta Netherfield Park, la residencia de los Bingley, donde se encontraba Jane Bennet. Cuando arriba a la casa, las mejillas de Elizabeth están coloradas y el ruedo de su vestido y sus zapatillas cubiertos en lodo. Caroline Bingley la expone, burlándose de esto, insinuándole a Darcy que ya no le parecerán tan atractivos esos bellos ojos; no obstante Darcy le responde:

En absoluto; con el ejercicio se le pusieron aun más brillantes.

En otra de las mencionadas tertulias, Darcy escribe una carta a su hermana Georgiana, la señorita Bingley inicia su adulación a Darcy convenciendo a Bingley que compre una propiedad cerca de Pemberley, la residencia de Darcy, y que luego la imite; después intenta enviar, en la carta de Darcy, saludos a Georgiana, pero Darcy se excusa reponiendo que será en la próxima misiva. Aun así, Caroline Bingley continúa preguntando la estatura de la chica, Darcy, en un pequeño detalle, pone de manifiesto al lector su preferencia por Elizabeth Bennet al no comparar la estura de la joven con Caroline pero con Elizabeth.

Ahora será de la estatura de la señorita Elizabeth Bennet, o más alta.

En el capítulo X, cuando Darcy se anima nuevamente a invitar a bailar a la señorita Elizabeth Bennet, ella lo
rechaza esperando que sea él quien la desaire entonces. “Desáireme si se atreve”, le dice ella. “No me atrevo, se lo aseguro”, le responde él. Jane Austen explica que había una mezcla de dulzura y malicia en los modales de Eliza que no era capaz de ofender a nadie y que Darcy nunca había estado tan ensismismado con una mujer como lo estaba con ella.
Pero la madre de todas las galanterías sucede cuando Caroline, cansada de la falta de atenciones de Darcy con ella, invita a Elizabeth a dar una vuelta por el salón, extendiéndola también a Darcy, y éste se niega exponiendo serias razones:

Ustedes eligen este modo de pasar el tiempo o porque tienen que hacerse alguna confidencia o para hablar de sus asuntos secretos, o porque saben que paseando lucen mejor su figura; si es por lo primero, al ir con ustedes no haría más que importunarlas; y si es por lo segundo, las puedo admirar mucho mejor sentado junto al fuego.

Escándaloso.
Durante el baile privado de Netherfield Park, en el capítulo XVIII, también se comporta con ella como un perfecto caballero, le asegura que le dirá todo lo que ella desea escuchar e intenta hacerle conversación a pesar de que parece que Darcy no es de los que habla mientras baila. Conserva la calma y responde sus inquietudes con mucha elegancia, aun cuando sus sentimientos estaban en conflicto por la clase de preguntas que impertinentemente Elizabeth le hacía, sobre Wickham y su enemistad con éste, mientras se formaba una idea de su carácter.

Reconozco que las opiniones acerca de mí pueden ser muy diversas; y desearía, señorita Bennet, que no esbozase mi carácter en este momento, porque tengo razones para temer que el resultado no reflejaría la verdad.  

Y, para concluir, aunque violenta, hay que citar la declaración de amor más intensa de la literatura británica:

He luchado en vano. Ya no puedo más. Soy incapaz de contener mis sentimientos. Permítame que le diga que la admiro y la amo apasionadamente.

En la medida que evoluciona la novela, y la relación de Darcy con Elizabeth, los sentimientos de éste se modifican y pasan de la altivez a la galantería, a la serenidad, a la ternura. Me gustan sus galanterías, no son fáciles de detectar en un hombre de su carácter pero cuando aparecen me sorprenden. También me gusta su lado tierno, aunque parece que le habla con dureza a Elizabeth, el verdadero sentido de lo que expresa es dulce y demuestra el cariño que siente por ella. Lo que más aprecio de este personaje, además de su afecto incondional por Elizabeth, es su inteligencia. Excepto cuando se equivocó sobre el afecto de Jane por Bingley, siempre pudo ver detalles que a otros personajes les fueron desapercibidos. Es el héroe ideal. La fantasía del hombre perfecto.

sábado, 15 de junio de 2013

Mi Ligera Obsesión



Desde que terminé de leer la trilogía de E.L. James, Cincuenta Sombras de Grey, este chico, Grey, ha sido mi obsesión; por supuesto, porque, como el resto de la legión de mujeres que hemos leído los libros, estamos deseosas de saber quién interpretará en el cine al oscuro y conflictivo, pero encantador Christian Grey.
De vez en cuando –o casi todos los días– consultó la red para saber qué novedades hay respecto a la producción cinematográfica y, por supuesto, me envuelvo también en la serie de rumores que circulan sobre la misma: que si Alex Pettyfer rodó una escena para el director Gus Van Sant, que si es Matt Bomer el favorito del público, que Ian Somerhalder quiere el papel, o que si será Henry Cavill. A mí cualquiera me complacería, bueno, excepto Pettyfer, porque creo que es muy joven para el personaje, y, siendo enteramente superficial, le falta estatura. Sin embargo hay un chico nuevo –al menos para mí– en la televisión que cada vez que veo su actuación me traslada al personaje de Grey. Jay Ryan.
Jay Ryan es un actor neozelandés que protagoniza la serie estadounidense Beauty and the Beast, junto a Kristin Kreuk, y es el motivo por el que sigo la serie, además de todo el intenso melodrama romántico que me encanta, sumado a la estupenda química que mantiene con su protagonista, que hace la fantasía romántica más creíble. El tipo –el personaje–, además de guapísimo, es encantador, y físicamente se parece mucho a Grey, alto, musculoso, ojos claros, rostro sexi y cándido a la vez, la barba incipiente, y los pantaloncitos le caen en la cadera exactamente como a Grey. Hummm… ¿Puedo sugerirlo? Sería mi sueño de Grey. 

Pero bueno, basta de Jay Ryan.
Volviendo a la novela Las Cincuenta Sombras de Grey, y al cast de Christian Grey. Los rumores continúan, E.L James ha dicho que ella no quiere decir quién sería para ella el Grey ideal porque no quiere influir en la decisión del director; no obstante –la sigo en Twitter y la tengo en mi inner circle para enterarme, antes que el resto del mundo, de la mínima noticia–, ayer la autora publicó en su cuenta de Twitter (@E_L_James) que estaba en el cine y un tiempo más tarde elaboró la frase “Oh my…”, que Anastasia emplea cada vez que está derretida por Christian Grey, y, si sumamos y restamos, ayer fue 14 de junio, fecha del estreno de El Hombre de Acero. ¿Es Cavill, entonces, su Grey ideal?
Oh my…

Solo queda esperar y esperar porque uno de los productores de la película, Dana Brunetti –a quien también sigo en Twitter–, aclaró en la red social que no habría cast sin guión, y que el orden de los factores era: primero el guión, después el director y por último los actores. Y, aparentemente, el guión todavía no está terminado.
Ahora bien, respecto a Dana Brunetti, esto me creo cierta confusión porque, aparentemente, este productor solo produce películas que a él, como espectador, le gustaría ver. Le gustan las películas desde el punto de vista masculino, por decirlo de alguna manera; ha producido historias como La Red Social y Belleza Americana, que me han gustado mucho, por lo menos La Red Social fue mi favorita del año 2.010, aunque la vi en 2.011.
Lo que origina mi confusión, de acuerdo a la opinión del productor y el tipo de películas que le gusta apoyar, es que, como chica, espero ver una película empalagosa, romantiquísima, quedarme conmovida por la historia y que quiera ver muchas veces. Algo muy de chicas y que a los chicos no les gusta. Por otro lado, con este productor, quizá esté garantizado que sea una buena película. Y, aunque sé que el desarrollo de la película no depende del productor sino del director, ¿qué tanta influencia puede haber de quien pone el dinero sobre el que desarrolla la idea?
Lo que me deja tranquila es que Cincuenta Sombras de Grey fue escrita por una chica y su fantasía del imperfecto hombre de sus sueños.